BARACK OBAMA VISITARA BARILOCHE @BarackObama


Estabilidad, largo plazo, son palabras poco frecuentes en Argentina pero no en Bariloche. Y esta es la joya de la corona turística y tecnológica que visitará esta semana Barack Obama, en una forma especialmente simbólica de apoyar al nuevo Gobierno de Mauricio Macri y celebrar el regreso de Argentina a la ortodoxia en política económica, y sobre todo en política exterior, con un enfrentamiento claro con Venezuela y el acercamiento a EEUU. Macri y su victoria sobre el kirchnerismo representan para EEUU el principio del fin de su peor pesadilla en América Latina, los gobiernos llamados bolivarianos que se enfrentaron abiertamente a lo que ellos siempre definían “el imperio” y buscaron otros aliados: China, Rusia, Irán. Por eso es tan importante y simbólica la llegada de Obama a Bariloche. No es seguro que el presidente llegue a dormir en el Llao Llao, como Clinton o Eisenhower, pero por si acaso en el hotel han reservado una veintena de habitaciones, las mejores. “Todo Bariloche está igual, reservando habitaciones por si llega la comitiva presidencial”, explica Myrna Alfonso. Son más de 800 personas y en una ciudad turística como Bariloche, de 200.000 habitantes, es una auténtica revolución. “De todas maneras nosotros estamos acostumbrados a recibir gente de este nivel, no hay ningún problema. Nos encantaría que viniera, claro, pero mientras tanto el hotel está lleno, es Semana Santa y estamos llenos de eventos”, resume Alfonso. Luis, de la estancia Peuma Hue, en el idílico Lago Gutiérrez, cuenta que a un amigo suyo que tiene coches de alta gama para alquilar con chófer ya le han reservado todos. En Bariloche y en general en la Patagonia están acostumbrados a los visitantes ilustres. Ted Turner, dueño de la CNN, tiene una enorme estancia cerca de Bariloche, la familia Macri tiene una casa muy cerca y los hermanos Benetton son dueños de propiedades inabarcables. Luis cuenta que hace poco a otro colega le contrataron como ayudante de pesca del expresidente Jimmy Carter. Le ordenaron que dejara el móvil en casa y avisara a su familia de que iba a estar desconectado los tres días que duró la pesca con mosca. En 1913, también cuando ya era expresidente, Theodore Roosevelt fue otro ilustre visitante de Bariloche. “Viene tanta gente importante por aquí que ya no le hacemos caso. Para nosotros es normal”, se ríe Miguel, un taxista, mientras detalla la invasión de decenas de agentes de seguridad de EEUU que peinan desde hace semanas el terreno por el que pasará el hombre más poderoso del mundo. Con su llegada habrá lanzado un mensaje claro de apoyo a otro tipo de Argentina, la de la excelencia de Bariloche. Lo que seguramente no visitará Obama es el otro Bariloche, mucho más propio de un país con grandes desigualdades como Argentina: El Alto, un enorme barrio de chabolas a las afueras de la ciudad construido por emigrantes que han tomado al asalto unas tierras polvorientas y se han quedado a vivir allí. Cada vez crece más, al calor del éxito de este paraíso que allí no lo parece tanto. Bariloche es una isla en casi todo, pero no en esto. Además esta ciudad también tiene su pasado oscuro como refugio en los 50 de nazis como el doctor Mengele. Como tantas veces en Argentina, lo mejor y lo peor están muy cerca.

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