La trama oculta del millonario negocio de las fotomultas bonaerenses


Un lujoso yate hundido en el río Luján, que nadie reclamaba, era la punta del iceberg de un negocio millonario, con protagonistas y relaciones poco conocidas. La historia se remonta al 2012 cuando el entonces gobernador Daniel Scioli se subió la ola estatizadora del kirchnerismo y le quitó a la empresa Boldt (que maneja gran parte del juego en la provincia de Buenos Aires) el procesamiento de las fotomultas en rutas bonaerenses. 
Pero lo que se presentó como una decisión soberana, escondía otras intenciones. El gobierno de la provincia entregó la operación del sistema, en forma directa y sin licitación, a la Cámara Empresaria de Control y Administración de Infracciones de Tránsito de la República Argentina (Cecaitra), que presidía Bernardino García. Lo curioso es que la entidad carecía de estructura para hacerse cargo de una tarea tan compleja, por lo que se debió, a su vez, firmar un acuerdo con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). La CECAITRA nació en 2006 durante el final del gobierno de Felipe Solá y con el cambio de mando en la ciudad de La Plata, García pasó a relacionarse con Alberto Pérez, hombre de mayor confianza de Daniel Scioli. El principal interlocutor del “Rey de las fotomultas” (como hoy se lo conoce) era Nicolás Cáfaro, el célebre colaborador de Pérez que tenía en su jardín una caja fuerte incrustada en el vientre de un dragón. “García construyó un verdadero imperio a partir de tener el monopolio de las fotomultas”, dice un veterano dirigente peronista y enumera casos de empresarios que intentaron ingresar en el negocio y en ningún caso pudieron hacerlo. Es que Scioli también otorgó a los municipios la potestad de instalar sus propias cámaras para controlar el tránsito pero, casualidad o no, todos terminaron volcándose por CECAITRA, más allá de su pertenencia partidaria. Toda esta información estaría siendo analizada en el despacho de Joaquín de la Torre, ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, decidido a poner fin al monopolio de la Cámara. La tarea no parece tan fácil por los fuertes vinculos políticos y poder de lobby que mantiene CECAITRA. Amante de los yates Bernardino García volvió al centro de la escena en junio pasado, cuando se conoció que el yate Aleeke, construido por el astillero Bermax Boat, se hundió el día de su estreno en el río Lujan. El hecho tuvo lugar en marzo pasado pero nadie lo reclamó. Cuando Prefectura comenzó a investigar de quién era el barco, que afectaba la circulación por el canal fluvial, se encontró con el “Rey de las Fotomultas”. De acuerdo a lo que pudo saber ARG Noticias, además del yate que aguardaba en lecho del río Luján que alguien lo reitre, García habría construido otras 6 embarcaciones similares, manera que habría encontrado de agradecer los favores recibidos por distintos funcionarios. Desde el astillero constructor se negaron a brindar información.

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