SELECCION ARGENTINA: Se va una generación que dejó una huella y que le abre paso a otra etapa


OPINION | Se va una generación que dejó una huella y que le abre paso a otra etapa
Faltó poco si se mira únicamente el marcador final, pero faltó una inmensidad para torcer la historia. Para vestirse alguna vez con el ropaje que un Mundial solo le tiene reservado a los campeones. El saldo final de la improvisación para planificar como para ejecutar fue la eliminación en cuartos de final del Mundial de Rusia 2018. Quien derrame alguna lágrima deberá hacerlo por esas promesas que la Argentina se guardó. Porque no supo o porque estuvo nervioso a pesar de las oportunidades que tuvo en su favor ante una Francia superior. Esa sensación de sobreponerse a su propia vulnerabilidad con la que Argentina vivió esta Copa del Mundo no le sirvió para seguir en el Mundial. No hay justificación para lo que pasó. Escaso fútbol, un oponente con mayor potencial en muchos rubros con respecto al seleccionado argentino y una fragilidad estructural que la fagocita a sí misma. Queda una sensación de vacío cuando uno mira esta generación de futbolistas que hace más de una década nos viene ilusionando con la consagración mundial. Se marchan dignamente aunque con una fuerte demanda no satisfecha sobre su espalda.
Ahora a la Argentina se le viene encima un punto de inflexión. Más allá del resultado, de otra oportunidad perdida y la sentencia que le propinó Francia, este grupo del seleccionado ha dejado una huella y prácticamente escribió el epílogo con la camiseta celeste y blanca. Cada uno de los integrantes del plantel se propuso en esta Copa del Mundo condecorar sus largas y respetadas trayectorias con una gran coronación. Lejos quedó esa pretensión, aunque dieron hasta donde podían. El futuro de estos jugadores en la selección no es el único interrogante planteado, ya que también habrá que ver qué pasa con Jorge Sampaoli al frente de la selección. Una cuestión inevitable de esta selección es la edad de muchos de sus integrantes. Porque está claro que varios de estos jugadores ya no estarán en la Copa América de Brasil del año que viene. Tras la eliminación en Kazán, fueron Javier Mascherano, Ángel Di María y Lucas Biglia los que declararon que se acabó su participación en el seleccionado. Pero seguramente por el mismo camino seguirán jugadores como Gonzalo Higuaín, Ever Banega, Enzo Pérez y Gabriel Mercado. De todos los históricos, sólo Sergio Agüero afirmó que si lo siguen convocando él seguirá jugando con el seleccionado.
Los valores demostrados por jugadores como Mascherano deberán traspasarse a nuevos futbolistas, para sembrar en ellos un sentido de pertenencia con el seleccionado. La necesidad de saldar una deuda con los títulos siempre estará presente, pero ahora habrá que hacerlo con los que queden de este plantel (Tagliafico, Pavón, Dybala y Lo Celso) y con lo que aporten las generaciones que vienen. Allí es donde el fútbol argentino deberá responder si podrá mejorar una estructura global que hace tiempo no aparece, una continuidad de proyecto (en los últimos cuatros años hubo tres entrenadores) y una conducción a la altura de las circunstancias. Por hechos concretos de sus 31 años, por cómo él asimile esta eliminación, por sus experiencias en el seleccionado, por la cantidad vivencias acumuladas, por cómo se sienta, es todo un interrogante si Lionel Messi seguirá defendiendo los colores del seleccionado. Como símbolo de esta generación tal vez haya que esperar un tiempo más para conocer la respuesta. Y seguramente se tomará un tiempo para analizar lo que él pretende para su futuro y en ese lapso la Argentina no lo tendría en sus filas.
La continuidad de muchos futbolistas en la selección no es la única duda, porque más allá de que Sampaoli no evalúe irse y declare que su puesto no está en peligro, es un secreto entre pocos que el presidente de la AFA, Claudio Tapia, se va de Rusia con una valija cargada de puntos negativos con relación a la continuidad del entrenador. Seguramente nadie querrá cargar con el despido de otro DT, pero habrá que ver y esperar cómo se desarrollan los escenarios en los próximos días. Pasaron 32 años, ahora nueve mundiales, de continuas frustraciones. La exigente mirada argentina sentía que podía creer en esta generación para cortar el maleficio. Deberían replantearse cuestiones más estructurales que depender de un entrenador o de un solo futbolista. No hay excusas, todas las partes lo asumen. Faltan cuatro largos años para tener un desquite, la herida de sigue abierta.

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