La última encuesta que sacude a la Casa Rosada

15/05/2018 El Jefe de Gabinete Marcos Peña junto al ministro Ambiente y Desarrollo Sustentable la Nación Sergio Bergman realizaran presentación del Inventario Nacional Glaciares que tiene como objetivo identificar caracterizar geoformas periglaciares actúan reservas hídricas con información necesaria para su adecuada protección control monitoreo. Foto PEDRO LÁZARO FERNÁNDEZ - FTP CLARIN _PLF2323.jpg Z Invitado ciudad de buenos aires Marcos Peña anuncio inventario nacional de glaciares ley de proteccion de glaciares
Días atrás Marcos Peña estuvo mirando y analizando encuestas. Es una tertulia que le apasiona y que pocas veces comparte con otros ministros. Siempre ha sido extraño el manejo de los estudios de opinión pública en el macrismo, que Peña monopoliza desde el día en que Mauricio Macri abrió por primera vez el despacho de la jefatura de Gobierno, en diciembre de 2007. En épocas de campaña, por ejemplo -cuando el resto de las fuerzas políticas se ocupa de difundir sus mediciones, por supuesto auspiciosas-, los números se guardan bajo siete llaves y en los períodos estrictamente de gestión son pocos los funcionarios que tienen acceso a ese particular y voluminoso trabajo, que llega a la Casa Rosada una vez por mes y se compone de preguntas de las más extravagantes. La reserva se deja levemente de lado en los tiempos preelectorales como este, aunque, a diferencia de la conducta clásica del peronismo, las cifras se maquillan cuando exhiben a los candidatos propios con ventaja y se dejan trascender cuando aparecen nubes negras. “Es que este espacio es muy raro”, al decir de uno de los peronistas que habitan Cambiemos. Algo de eso debe estar pasando por estas horas porque en la cima del poder comenzó a filtrarse un sondeo de la consultora Aresco que desnuda como nunca antes la profundidad de la caída de Mauricio Macri. La encuesta que monitoreó Federico Aurelio, una de las tres que llegan con regularidad a los despachos de Balcarce 50, pone en pie de igualdad a Macri y a Cristina Fernández de Kirchner. El Presidente acumula una imagen positiva del 38% y una negativa del 58%. Creer o reventar: su predecesora reúne cifras casi idénticas. A un año de la batalla final por las presidenciales tiene 39% de positiva y 58% de negativa.A Macri lo persiguen dos fantasmas: no sólo cae al mismo nivel de su principal rival, a la que hasta diciembre del año pasado le llevaba cerca de 20 puntos -lo que también establece que a ella no se le escapa una sola adhesión, pese a la acumulación de procesamientos-, sino que el mismo sondeo revela que su desempeño personal está a la par del de su gestión, cuando hasta ahora había estado por encima. La muestra de Aresco que pasó por las manos de Peña acaso sea la más representativa de las que circulan en el mundillo político: se compone de 4.600 entrevistas en distintos puntos del país. Claro que en el Gobierno siempre hay lugar para evitar interpretaciones tremendistas. Es más, hasta pueden hacer valoraciones positivas. Esto es factible, elucubran, porque el primer mandatario aún no quebró definitivamente su lazo con los desencantados, esto es, los que lo votaron y hoy dicen que no lo votarían, pero que están más lejos de una opción con perfume kirchnerista. “Es casi un milagro que todavía estemos a tiro de ganar en primera vuelta el año que viene”, dicen los que no dejan de pensar que en los dos últimos meses se acumuló 10 % de inflación, la misma que pueden llegar a tener en tres años Bolivia o Paraguay.Otras voces -mucho más cercanas a la de Macri- interpretan que la prioridad era estabilizar el dólar y que esa meta parece empezar a dejar de ser un problema. En ese punto, las últimas dos semanas fueron las mejores de los últimos siete meses. Para un gobierno con tantos apremios no alcanza, pero no es poco. Peña viene dedicando buena parte del tiempo que no le consume la gestión a tramar la estrategia y los ejes discursivos de la próxima campaña. Eso explica, aunque solo en parte, su sugestivo silencio frente a los periodistas, del que se acaban de cumplir dos meses. La última vez que brindó una entrevista formal fue la mañana del 30 de agosto en Radio Mitre. “No estamos ante un fracaso económico”, le dijo a Marcelo Longobardi. Casualidad o no, esa mañana los mercados reaccionaron: el dólar tocó los 40 pesos y se disparó el riesgo país; el Banco Central tuvo que subir las tasas y los encajes para llevar más tarde algo de tranquilidad. El jefe de Gabinete no perdió peso puertas para adentro, pero hacia afuera optó por el bajo, bajísimo perfil. “Marcos ya está enfocado en el proceso electoral porque ve que el Gabinete tomó otra impronta”, aseguran en su entorno. Otro hombre que habla todos los días con él afirma: “Está cómodo así”. El jefe de Gabinete ha puesto en marcha el búnker de Balcarce y Belgrano. La tarea de comunicar y armar el día a día ahora es compartida con el resto de los ministros. Después de aquel frenético fin de semana en el que se decidió reducir los ministerios a la mitad desaparecieron las reuniones de coordinación y regresaron las clásicas reuniones de Gabinete. Los ministros se sienten fortalecidos y están habilitados para hablar de cualquier tema. Tienen diálogo permanente cara a cara con el Presidente y ya no está el filtro de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. A veces, incluso, ni siquiera el de Peña. “Lejos de lo que se cree, Marcos está más aliviado”, dicen.

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