“Cecaitra, aguantadero de empresarios y políticos”

Así lo describió un intendente del Conurbano en diálogo con este medio. Es la cámara que hace fotomultas, y tiene directivos como funcionarios del Gobierno. También a personas condenadas por la Justicia en su Directorio. Quién es quién. Y la insólita historia del naufragio.




Bernardino García hace barcos. Pero su lustroso buque insignia se hundió a metros de salir de su astillero. Hizo agua en un santiamén. Fue en marzo de 2017, cuando su mentado Alekee, que había salido con pompa de su orgulloso Bermax Boat, naufragó en el río Luján de Tigre; y quedó allí, escorado durante casi tres meses. Se ve que no era muy robusto el lujoso buque. Y nadie pudo salvarlo.

Tres años más tarde, este hombre más conocido por urdir un andamiaje legal y económico para “embocar” con multas a millones de bonaerenses, trata de salvar su escondite empresarial al calor de acuerdos posiblemente espurios con sectores marginales de la política.

García, y junto a su hijo Mariano, quien tampoco pudo salvar el barco, y Américo Di Blasio, condenado por la Justicia con sentencia firme, son la cara visible de un conglomerado “fantasma” de empresas que se nuclean debajo del sello Cecaitra, Cámaras de Empresas de Control y Administración de Infracciones de Tránsito de la República Argentina.

Cecaitra es una cámara con un solo dueño, y en los hechos, con una sola empresa. Raro. Para instalar uno de esos adminículos que sacan fotos de los autos por encima de la velocidad permitida se precisan de acuerdos políticos, no siempre prístinos; primero con los intendentes y luego con el organismo de control, por ejemplo, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), o su símil en la Provincia.

En los últimos meses de Daniel Scioli como gobernador, algo así como el protector en las sombras de esta gente vinculada al naufragio, Cecaitra puso en la Dirección Provincial de Seguridad Vial bonaerense a Nicolás Cafaro. Este buen hombre firmaba a diestra y siniestra todo lo que García le pedía. Parece que hicieron buenos negocios.

A los meses de dejar la gestión, luego de derrota de Scioli en las urnas, Cafaro se presentó en sociedad como gerente de Cecaitra. ¡Bingo! El funcionario-empresario sólo pudo llegar ahí por su estrecha vinculación, y aprobación, del otrora famoso hombre del Dragón de Scioli, Walter Carbone; segundo en funciones del ex jefe de gabinete Alberto Pérez, quien en su casa del country Abril tenía desde alfombras persas hasta un dragón de metal, de dudoso buen gusto, con una caja fuerte a metros de la suntuosa pileta. Algo muy normal. Obvio, Carbone y Pérez siguen procesados en la famosa causa, ya elevada a juicio oral, que se sustanció en la fiscalía 11 de La Plata, de Alvaro Garganta.

Carbone era el monje negro de Pérez, y quien habilitaba todos los negocios entre Cafaro y el constructor de barcos García. Pero este modus operandi, que llegó a la Justicia, es el mismo que utiliza ahora García, su hijo Mariano y Américo Di Blasio con la Agencia Nacional de Seguridad Vial.

En ese lugar clave, por donde debe pasar la aprobación de radares para las autopistas, colocaron a empleados suyos, los veloces Pablo Martínez Carignano y Martín El Tajam. Hacen lo mismo que Cafaro; urden negocios para su jefe, incluso a espaldas del Ministro, en este caso Mario Meoni. Carignano y El Tajam hacen lo que les pide Cecaitra; incluso le dieron un convenio millonario en la etapa más dura de la pandemia. Es el típico caso de atender a dos lados del mostrador; o el conflicto de intereses tipificado en el Código Penal. Por ahora, siguen ahí.

García, quien había urdido un acuerdo denunciado en la Justicia con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) para contratar con los municipios, solía comer suculentos asados en la posada de Tandil propiedad de Guillermo Scarcella, ex titular de ABSA en la gestión Scioli, y denunciado como testaferro del entonces Gobernador. Scarcella, amante del backgammon, figura como presidente de Simulcasting SRL, una de las empresas que integra Cecaitra. Ni página de internet tiene esta compañía.

Bernardino trabajaba en “complicidad” con la UTN para lograr los contratos con los Municipios, y así evitar cualquier proceso licitatorio. Adivinó: integrantes de Cecaitra eran autoridades, también, de esta Universidad. Pero cuando el escándalo se tornó inmanejable, y cambiaron las caras, la UTN rompió todo contrato con la Cámara. Dicho en otras palabras, Cecaitra no tiene cómo contratar con ningún municipio, pero lo sigue haciendo.

Muchos intendentes, sobre todo del populoso Conurbano, se cansaron del “ruido” de Cecaitra, luego de que los “presione” para firmar acuerdos sin ningún tipo de proceso licitatorio previo. Para ello, usan a emisarios de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, que “intiman” a los jefes comunales a firmar, a través de un tal “Sebastián Alvarez”, y del propio García junior.

El segundo de Cecaitra, Américo Di Blasio, tiene condena firme, confirmada en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, por negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública. Le impusieron dos años de prisión y multa. Es decir, cometió un delito similar al que estarían cometiendo los encargados de la Agencia Nacional de Seguridad Vial; o antes Cafaro en la Provincia. Se ve: la metodología es la análoga.

Di Blasio fue condenado por formar parte de una banda por realizar contrataciones irregulares de servicios e insumos para el Hospital Churruca y la obra social de la Policía Federal.

El fiscal Horacio Azzolín, que instruyó dicho expediente, determinó que entre las empresas implicadas estaban “L&M Sist-Serv”; “Estudio Tropex S.R.L.”; “Greysand S.R.L”; “Novel Time S.R.L.” y “Dina Tech”. El integrante del Ministerio Público explicó que estas firmas, en los papeles, solían competir entre sí, simulaban una compulsa entre ellas. Sin embargo, señaló que todas formaban parte del mismo grupo económico.

A Di Blasio lo denunció ni más ni menos que Gustavo Béliz, en ese entonces ministro de Justicia de Néstor Kirchner. Es la famosa causa que tuvo al ex jefe de policía, Roberto Giacomino, como figura más visible. Hoy Di Blasio, condenado por esa denuncia, sigue haciendo negocios con el gobierno del cual forma parte Béliz.

Un intendente, cansado de las presiones, fue tajante en diálogo con este medio: “Cecaitra es lo más parecido a un aguantadero de empresarios y políticos de cuarta línea que quieren hacer negocios a toda cosa”.

Mariano García, a quien sus amigos lo reconocen como un gran jugador de Play, siempre le pregunta al papá Bernardino con qué municipio seguir. Ninguno de los dos supo cómo sacar el barco del agua. Hoy, según cuentan los intendentes damnificados, su cámara-empresa corre la misma suerte.

FUENTE: NEWS DIGITALES.COM



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