En medio de la novela que continúa entre Mauro Icardi y Wanda Nara, apareció este miércoles China Suárez, la apuntada desde un primer momento como la tercera en discordia entre el mediático matrimonio. La actriz, que se había mantenido en silencio, hizo un profundo descargo en redes sociales para referirse a todo lo sucedido. Mientras tanto, el delantero de PSG busca reconciliarse con su esposa. En las últimas horas, luego de no haber jugado ante Leipzig en la Champions, borró a todos sus seguidos de Instagram y sólo tiene a Wanda Nara en la red social. Escribo esta carta para bajar el ruido externo de mentiras, maltratos y miradas inclinadas hacia la construcción de historias manipuladas para, una vez más, ser el chivo expiatorio de la violencia mediática. He guardado silencio por mucho tiempo por varias razones, la principal por miedo e inexperiencia. Por no saber cómo nombrar el nivel de mentiras y atrocidades que se dicen para sustentar el minuto a minuto televisivo.Lo que está sucediendo hoy tiene detrás una historia mucho más y grande y profunda, de la que seguramente muchas mujeres van a sentirse identificadas. Me ha tocado relacionarme con hombres a los que les he creído siempre sus palabras: que estaban separados o separándose y que no había conflictos. Siento en esta situación un Deja Vu infernal, donde vuelvo a pagar con mi reputación cuestiones que son del dominio personal de cualquier mujer.​Una repetición que deja a la luz mi inexperiencia y sobre todo profunda credibilidad que le dí a estos hombres que luego guardaron silencio dejando que me comieran los lobos. Parece que es más creíble para esta sociedad, sabiendo cómo se manejan ellos siempre, que yo sea la mala, la que engaña y no la engañada.​Y también parece que es más fácil para una mujer pegarme a mí, para descargar. El costo de sostener la imagen de una familia feliz lo pago yo, no el hombre que fue irracional o tuvo un desliz. En ese precio quedamos todos bien parados. Repito mi silencio constante para preservar mis vínculos familiares que han sido siempre mi prioridad, me jugó en contra. Pero hoy no quiero callar más, porque sé que somos muchas mujeres a las que esto nos ha sucedido y a la que la mirada externa juzga.Lo que sucedió es una situación que yo no comencé, no alenté y no provoqué. Tener que contar esto también habla de la poca privacidad que tenemos las mujeres. Mientras tanto, un montón de calificativos dañinos pidiendo mi cabeza desde el paso de cómo se me juzga a mí es totalmente asimétrico. Caso contrario, se sabía que yo no fui quien insistió y propició esta situación. Asumo mi inexperiencia, falta de entendimiento, sobre mucho que seguramente deba aprender de ahora en más. Pero no voy a hacerme cargo por mí y por todas las mujeres que son usadas y juzgadas siempre, de las actitudes de conquistadores seriales que tienen aprendidas estos varones, y que después bien saben esconder.Como dicen ahora, ser empoderada no tiene que ver con dinero, con ser filosa en redes y mucho menos insultar con los mismos términos que te juzgaron en el pasado, a otra mujer. Tiene que ver con ser justa a la hora de habla y sobre todo romper el silencio.​Me resulta llamativo que las mujeres no vean los mismos agravios con los que me describen a mí, son las que una sociedad entera usó ( y sigue usando) para referirse a ellas. La reproducción de esa violencia que recibiste en el pasado, hacia otra mujer, para limpiar tu imagen, no te hace más astuta. Solo nos vuelve a poner a todas en el mismo lugar.​Gracias a todas las personas que me brindaron apoyo, que entienden lo que pasé y callé en el pasado, dejando que personas heridas me pongan en lugares injustos y que hoy esto se vuelve a repetir, pero ya no más con mi silencio. Soy una mujer que ya no tiene miedo de hacer valer mi derecho a vivir libre de prejucios. Y ojalá esto no sirva solo como un descargo sino también para reflexionar entre nosotras.​

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